18 de noviembre de 2025

El mito del 4º de Quart

 
Como si de una leyenda se tratase, desde hace años se anuncia, como quien promete la llegada de un rey que nunca cruza el umbral del reino, la creación del cuarto juzgado de Quart de Poblet. 

Una gesta largamente esperada, tantas veces comentada como olvidada en los cajones de los despachos. Ese juzgado fantasma, previsto en papel y espíritu, sigue sin existir en la realidad cotidiana de quienes sostienen la justicia a pie de trinchera.

En esta fábula administrativa, los antagonistas no empuñan espadas, sino una elegante retórica con la que intentan deleitar y convencer a todo el que se asoma a sus preciados aposentos. La Dirección General afirma que la responsabilidad recae en el Ministerio, mientras que el Ministerio, villano también de este relato, sostiene que el juzgado ya está formalmente creado. Entre ambos, como si se tratara de un sofisticado juego de remisiones competenciales, la creación del juzgado se lanza de un organismo a otro, orbitando eternamente sin materializarse.

Y estamos cansados. Exhaustos de contemplar cómo quienes deben resolver el problema se comportan como Poncio Pilatos en versión burocrática: lavándose las manos con declaraciones impecables, políticamente pulcras, pero huecas. Queremos que abandonen la liturgia de las promesas vacías, que dejen de pulir discursos y empiecen a mancharse las manos con voluntad y acción.

Mientras tanto, los verdaderos héroes de esta leyenda, el personal destinado en estos juzgados, afrontan la carga de trabajo más elevada de toda la Comunidad Valenciana. Una carga titánica que soportan con un sacrificio sin reconocimiento por parte de esta Administración. Son los protagonistas silenciosos: quienes, día tras día, sostienen el peso del mito con su salud, su tiempo y su compromiso, aun sabiendo que nadie escribirá su gesta en mármol.

Y sin embargo, la administración sigue olvidándolos, relegándolos al margen de cualquier prioridad real. Promesas que se incumplen, una desconfianza que crece como un eco que nadie quiere escuchar, y unos salarios que, en la Comunidad Valenciana, siguen siendo los más bajos de toda España. Un personal agotado, desatendido y, aun así, extraordinario.

La pregunta que sobrevuela esta historia ya no es retórica, sino urgente: ¿llegará algún día el momento en que quienes deben actuar lo hagan con franqueza, responsabilidad y eficacia?