Sin entrar en quién ni cuándo, pero con la sospecha del porqué, estamos poco a poco profundizando en la NUMO, que no es otra cosa que la inaplicada NOJ de hace más de veinte años, pero con un cuarto de vuelta de tuerca más, porque sus diferencias son mínimas. En lo principal, lo que antes se llamaban UPADS (solo existían en Mislata) en la actualidad se llaman Plazas, aunque a nuestros efectos el centro de destino tanto en NUMO como en NOJ es único.
Ello no obsta para que, debido a la dejación de funciones que han hecho (en teoría por imperio de la Ley) las distintas administraciones a favor de los jefes funcionales, ahora organizados de forma jerárquica, dependiendo todos ellos del correspondiente coordinador o del de Gobierno, no exista un Modelo uniforme. Parece más bien montado para ir viendo lo que pasa, sin instrucciones precisas y congruentes y con una evidente falta de formación en gestión de personal.
Sin señalar a nadie, hacemos notar que la organización de un poder independiente se va a regir de facto por funcionarios designados por el Gobierno del territorio que gestione el servicio público de la justicia, con capacidad para destinar personal y/o medios a unos asuntos y retirarlos a otros. Cuando no hay criterios claros, uniformes y transparentes, el riesgo es evidente: desigualdades y decisiones discutibles. ¿A qué otra conclusión se puede llegar cuando se cambia la organización a toda prisa, con presupuesto cero, con mucha improvisación, medios manifiestamente mejorables y falta de personal?
Sin incentivos económicos, excepto para los altos funcionarios, con la prisa del Gobierno Central y ahora de los autonómicos por implementar esta reforma, todo se reduce a conseguir unas garantías mínimas, que finalmente están plasmadas en normas legales, como son al menos tener un puesto de trabajo sin merma de retribuciones, garantizar la existencia de la Carrera Profesional, el teletrabajo y la supresión del Grupo retributivo IV, entre otras. Lo de las garantías suena bien, pero luego la realidad es otra: ya estamos viendo reuniones, interpretaciones y movimientos que apuntan a que habrá cambios, incluso pasando por encima de lo que se supone que protege la propia legislación. En un servicio que se llama Justicia, lo mínimo es empezar respetando garantías, no buscando atajos. Nuestro trabajo es asegurarnos de que nadie quede por encima de las normas.
Cuando hago un trabajo nuevo, estoy dejando de hacer el mío. Si nos dan tareas nuevas, cambios de reparto, nuevas dinámicas… pero el mismo personal, y distribuido con criterios más que discutibles por quien no conoce el día a día de las oficinas judiciales, el atasco está garantizado. Lo peor es el mensaje que se traslada desde arriba: “antes no hacías bastante y ahora además vas a hacer esto otro”. No solo es injusto, además demuestra un desconocimiento preocupante del trabajo real diario. Y si, además, se anuncian nuevas secciones o plazas judiciales sin incorporar personal suficiente, lo único que ocurre es que se acumula más trabajo sobre los mismos y la tramitación no puede avanzar al ritmo que se pretende. Nunca se puede hacer más con menos.
Estos días asistimos atónitos al espectáculo de jefes funcionales pasando notas para que los funcionarios les den datos de todo tipo, datos que deberían tener ya organizados. ¿La Consellería no les da esa información o es adrede? Llegados a este punto también hemos visto peticiones y creaciones de grupos de WhatsApp con todo el peligro que ello conlleva. En primer lugar, porque todo el mundo tiene derecho a la desconexión digital, y si no se respeta hay régimen sancionador al respecto, y el teléfono particular es de cada uno, no de la Administración. No hacen falta más comentarios.
Entrando en lo mollar de todo este desastre, en las RPT no se diferencian adecuadamente las áreas, los equipos o los grupos de trabajo. Lo único que se consigue es que todo sea “para cualquiera”, que la especialización se pierda y que nadie tenga claro qué hacer, con qué criterios y con qué respaldo, llevando eso a la desmotivación del personal. Aparte de que hará falta mucho más personal, si quien saca las castañas del fuego cada día en la tramitación real percibe que no se le considera parte esencial, predominarán la desmotivación y el desinterés, abocando el sistema al fracaso.
Los responsables en esta Comunidad de montar el andamiaje del sistema ocultaron información, se negaron a negociar y crear los servicios necesarios para que todo tuviera una lógica. Eso nos llevó a abandonar las mesas de negociación. No había nada que negociar, porque no había nada que ganar. Por supuesto que la Consellería hizo movimientos con todos los sindicatos para acercar posturas cediendo en algún tema menor, pero como siempre hemos dicho, no buscaban negociar, buscaban cómplices. Una vez conseguido su objetivo se fueron, dejándole el muerto a quienes se quedaron.
La consecuencia ha sido un acoplamiento que, ante la incertidumbre y la escasa estructuración del NUMO, llevó a listados que salen, plazos que se abren, rectificaciones a los pocos días, errores que obligan a volver atrás, dándonos nuevamente la razón por falta de diálogo real y de planificación. La gente necesita estabilidad, no un “hoy sí, mañana ya veremos”; y menos aún cuando lo que está en juego son derechos laborales y organización del trabajo.
A día de hoy, consecuencia de nuestra actitud reivindicativa, es que se nos ha prometido “renegociar”, que interpretamos quiere decir negociar de verdad, todas y cada una de las fases de la NUMO. Veremos qué hay de cierto. De momento hay desconfianza, falta de motivación y mucha improvisación.
